Hotel triunfo es un no lugar que nos habita y sueña. Viaja por arterias y rutas donde la muerte acecha desde el patio de la infancia a las medianeras de la adultez, desde el Atlántico a Cuyo. Un laberinto de lecturas entre “la masa de sombras” y la “compensación melancólica” de la literatura latina hasta la poesía lárica de Tellier. Pero es, sobre todo, una conversación. Como sostiene Mark Strand, otro de los convidados a este poemario, “una conversación que depende de la ausencia, algo que le pasa a los famosos. Y a los muertos. Pueden ser el alma de fiesta sin aparecer nunca”.
Será difícil salir indemne.
D. Sepúlveda
