En Tilda la mirada se sitúa en un segundo plano, tras los artefactos de la poética y los elementos del verso, desde donde observa a la actriz inglesa como quien vigila a un animal cercado entre la ruina y los antecedentes del desastre familiar, con su listado de pérdidas y desoladoras ternuras.
Tamara Padrón Abreu construye una fina e inteligente poética del desmantelamiento, con imágenes indelebles y versos lúcidos e innegociables.
Malú Urriola
